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La cultura de la violación, o “posturas sexuales para cuando él quiere y tú no”

Maribel Baena es Periodista, y feminista. Apasionada de la tecnología, el cine y la literatura. Tres cuartos de mi vida están ocupados por las letras; el resto se divide entre el deporte y los animales.

Llegas a casa con la única intención de meterte a la cama a dormir, pero justo ese día tu pareja ha venido a casa… ¡con tremendas ganas de poseerte que bueno! Tienes dos opciones, decirle que te duele la cabeza (respuesta que los hombres odian) o… limitarte a las posiciones sexuales que aquí te comparto. Seamos prácticas y resolvamos sin hacer tormentas. Le darás gusto, estarán juntitos, no tendrás que hacer mucho esfuerzo y dormirás plácidamente”.

Así comienza el artículo de la discordia, ese que ha conseguido hacerse viral en todas las redes sociales… Pero por motivos muy alejados a los que el autor o la autora pretendía desde un primer momento. Por si aún no lo has leído, te dejo aquí el enlace, para que puedas echarle un ojo. Un apunte antes de comenzar: el artículo habla de relaciones heterosexuales, con lo cual son a estas a las que haré referencia a partir de ahora.

Con apenas tres frases introductorias, ya queda claro cuál va a ser el contenido del artículo: posturas sexuales para mujeres que no quieren practicar el sexo, pero que se ven obligadas para así “darle gusto” a sus parejas. “Seamos prácticas y resolvamos sin hacer tormentas”, reza el texto, dejando claro que eso de la cultura de la violación no es un invento de las “hembristas”. No te quejes, no le digas a tu pareja que no quieres tener sexo, no le pidas que respete tu cuerpo y tus decisiones; mejor cállate, no vaya a ser que él se enfade y… ¡Para qué queremos más!

Este primer párrafo ya da para bastante análisis, desde luego. Porque, según la autora (parece hablar de sí misma en femenino, así que de esta forma la trataré yo), solo hay dos formas de enfrentarse al hecho de no tener ganas de hacer el amor un día con tu pareja: o mentir o elegir una postura en la que apenas tengas que esforzarte. Se ve que la alternativa de decirle a tu pareja que no te apetece, y respetar lo que tu cuerpo y tu mente te piden, no existe para ella. Se habla de las relaciones sexuales dentro de la pareja como si estas fueran una obligación; como si por el hecho de estar con un hombre ya tuvieras que acostarte con él siempre que él quisiera.

Esto recuerda mucho al concepto de matrimonio “tradicional” que tanto se ha criticado durante estas últimas décadas, en el que la mujer no tenía ninguna libertad, y no era más que una prolongación de los deseos de su marido. Y, por supuesto, es un ejemplo claro de la cultura de la violación. Para aquellos que aún no hayan oído hablar del término ‘cultura de la violación’, deben saber que hace referencia a una cultura en la cual la violación es un problema a nivel social porque, además, ha sido aceptada y normalizada en algunos de sus aspectos. Así, escrito, podría parecer una locura, pero no lo es. Cuando una mujer es violada, siempre se le pregunta qué llevaba puesto, como si el hecho de llevar una minifalda o un pantalón corto pudiera justificar que el hombre la hubiera violado; cuando una joven que vuelve a las cuatro de la mañana de fiesta es violada, siempre se le cuestiona, preguntándole si había bebido y, sobre todo, increpando que qué hacía una mujer sola en la calle a esas horas. Preguntas que jamás se le harían a un hombre. Y el artículo que estamos comentando ahora mismo también es un claro ejemplo de la cultura de la violación.

Seis posturas para hacer que tu violación sea mucho más cómoda

La autora, tras esa introducción, pasa a recomendar seis posturas: el misionero, frente a frente, en el borde de la cama con tu pareja de pie, boca abajo tumbada en la cama y con tu pareja encima, en la posición de la cucharita y, por último, el sexo oral. La explicación que da para cada una de ellas es que te permitirán pasar el rato sin apenas moverte, dejando todo el trabajo a tu pareja, y sin tener que esforzarte en ningún momento. El hecho de que al no tener ganas apenas lubriques y todo acabe resultándote mucho más doloroso que otra cosa no importa, por supuesto. Al igual que tampoco importa que, al terminar, te sientas más como un objeto sexual que como un ser humano con necesidades propias.

Ninguna de esas posturas te valdrá en un momento en el que no te apetezca mantener relaciones sexuales, porque lo que debes hacer en ese momento es no acostarte con tu pareja. Y si te fuerza, ya sea haciéndote sentir culpable o mediante cualquier tipo de coacción (física o psicológica), debes saber que es una violación. Porque la violación también puede darse dentro de la pareja, porque los violadores no siempre son desconocidos que actúan en medio de un callejón oscuro.

Cuando tú no quieres mantener relaciones, sea por el motivo que sea, no tienes que hacerlo. Porque tú eres la dueña de tu propio cuerpo, porque debes ser tú la que decida qué hacer en cada momento con sus genitales, y no debes ceder a las “tremendas ganas de poseerte” que tu pareja pueda tener. No eres una vagina que deba responder a los impulsos sexuales de ningún hombre. Y los hombres no son animales que se vean arrastrados irremediablemente a forzar a ninguna mujer para practicar el sexo; son seres racionales, capaces de controlar todos sus impulsos. Por tanto, tu pareja podrá entender perfectamente que ese día no tengas ganas. Puede que le moleste, pero si te quiere no pondrá ningún tipo de impedimento.

Nada de optar por el misionero porque “no tienes que mover un solo músculo de tu cuerpo”, o por ponerte boca abajo porque sea más cómodo para ti, o por practicar sexo oral porque te permite esforzarte lo más mínimo. Si esas son las ganas que tienes de acostarte con tu pareja, definitivamente lo mejor es dejarlo para otro día.

En el siguiente corto explican muy bien lo que es una violación dentro de la pareja.

Con información de Los Replicantes

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