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Paridad política y mujeres al poder en Latinoamérica

Hagamos un ejercicio antes de reflexionar sobre el tema. Escoja un país de nuestro continente, el que quiera: uno grande, uno pequeño, una isla del caribe, o un país donde la mayoría de la población es indígena. ¿Ya lo escogió? Ahora mire quien gobierna, ¿ve muchas mujeres? No, claro que no las ve, porque en un continente donde habitamos más mujeres, quienes deciden nuestro destino son hombres.

¿Por qué tienen que llegar las mujeres al poder? 

Las decisiones políticas, las leyes, los programas y apoyos de gobierno deben ser planeados y creados a partir de las necesidades de la población, hombres y mujeres de todas las edades que tienen los mismos derechos a una vida plena. La forma directa y a corto plazo para que esto suceda es que la paridad, entendida como la representación política y popular igualitaria entre hombres y mujeres, sea un requisito necesario para cambiar la percepción de la ciudadanía respecto de la participación de la mujer y de la integración de los poderes públicos. El principio es bastante coherente a nivel político: el gobierno de una sociedad debe ser un reflejo de la sociedad a quien representa. Por ello, la paridad política parte del principio de “representación reflejo”. Siendo que las mujeres son más de la mitad de la población en la región y en el mundo, vemos que falta mucho para poder lograrlo.

Cada país de nuestra región es distinto a la hora de elegir a quienes los gobiernan: depende mucho del proceso histórico y de quienes han tomado las decisiones para edificar el sistema electoral. A veces son muchos partidos o muchas coaliciones, a veces son pocos, a veces desaparecen y a veces colapsan; todo eso depende de la fuerza ciudadana de cada país, en la mayoría mujeres en la base, hombres en la parte más alta.

No existe una “receta” para luchar y aplicar la paridad en cada uno de los países de nuestra América, lo que sí es importante es que estas construcciones estén nutridas de certeza, legalidad e imparcialidad, además de un aspecto que había sido delegado durante mucho tiempo y las mujeres que están luchando por una legislación más justa, buscan profesionalizar el trabajo legislativo desde la base partidaria, donde hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades de crecimiento político.

Hallazgos, participaciones y retos 

En el siguiente mapa, podemos ver cuál es el estado actual de la participación de las mujeres en el sistema legislativo, ejecutivo y judicial. No existe peor país o país ejemplar, lo que podemos destacar es que en países donde históricamente se había logrado un avance significativo, se han tenido grandes retrocesos, y en países donde se consideraba casi imposible modificar la exclusión de las mujeres, se están acercando a la paridad.

La paridad legislativa

Se ha logrado alcanzar la paridad legislativa en Uruguay y Bolivia, donde se han creado leyes aún vigentes desde 2009. Otros países que cuentan con legislación de paridad son Costa Rica, Ecuador, Nicaragua, Panamá y México. Sin embargo, estos países no han logrado niveles aceptables de participación política, aunque la legislación haya sido un paso importante. En el extremo opuesto se encuentran Haití y Brasil, donde la participación de las mujeres es muy baja, a pesar de que la ley les obliga tener al menos el 30 % de mujeres en el poder. Se trata de países con situaciones económicas y políticas distintas, pero con la similitud de no incluir a legisladoras en las cururles de sus congresos.

Poderes ejecutivo y judicial

Cuando hablamos de poder ejecutivo no sólo se contempla a la presidencia, sino a todo el gabinete presidencial. Nicaragua y Chile son los países que tienen mayor avance y que representan un panorama esperanzador. En sentido contrario están Brasil, Paraguay, Guatemala, Haití, República Dominicana y México, pues el porcentaje de mujeres en este nivel de gobierno no llega ni al 15 %.

En el ámbito judicial es necesitario decir que los cambios recientes en la región son alentadores, ya que la mayoría de los países tienen un porcentaje arriba del 30 %, aunque países como Haití, Panamá y Colombia no llegan ni al 15 % de mujeres en el poder judicial. Sin embargo, estos niveles de participación en ámbitos judiciales son preocupantes pues la participación de las mujeres es fundamental para la creación de un entorno seguro para las mujeres en América Latina.

¿Hacia una democracia igualitaria?

Los problemas públicos que aquejan estructuralmente a la región, los feminicidios, el empobrecimiento de las mujeres, la falta de oportunidades económicas, políticas y sociales, entre otras problemáticas que afectan de manera decidida y desigualdad a mujeres y a hombres, podrán tener una posible salida, cuando el fomento de la paridad política, como política de Estado, contribuya a aumentar la igualdad de oportunidades.

A la fecha, siete son los países latinoamericanos que incluyen paridad política al menos en el poder legislativo: Ecuador, Bolivia, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Panamá y México. Es necesario un seguimiento puntual en los próximos periodos de elecciones de cada uno de estos países para evaluar el paso de la paridad legal a la real. Países como Guatemala, que no cuenta con acciones afirmativas de ningún tipo (aunque no por iniciativas sociales y partidistas que quieran mejorar dicha situación), son la excepción. Persisten problemas importantes en países como Haití, donde a pesar de las modificaciones legislativas persiste un clima político muy complejo que dificulta la acción política adecuada que pueda implementar lo que ya existe en la ley. Otros países, como Costa Rica o Uruguay, los cuales con y sin el principio de la paridad política respectivamente han logrado elevar sustancialmente la participación política de las mujeres, logran un escenario casi paritario para el caso uruguayo. Por último, países como Paraguay se encuentra justo en el debate legislativo que –se espera– logre implementar este principio político democrático.

Algunos retos, sin embargo, siguen siendo comunes: prevenir, sancionar y erradicar la violencia política hacia las mujeres, que continúa como uno de los factores que más frenan la participación política de las mujeres; dotar de herramientas formales y no formales para la política a más mujeres para que puedan sortear el contexto aún misógino de la política hecha para hombres; crear espacios y mecanismos que promuevan el equilibrio entre la vida laboral y familiar, y, también, promover la paridad tanto a nivel vertical como horizontal en los poderes públicos donde han tenido menor injerencia (poderes ejecutivo y judicial).

De tomarse en cuenta estas recomendaciones, acompañando a los grupos de mujeres organizadas en toda la región latinoamericana, y siguiendo en el camino de modificar las legislaciones nacionales en pos de la paridad política, es muy posible que en América Latina y el Caribe estemos llegando a un escenario político paritario hacia el año 2030. Esperamos y trabajamos para que así sea.

* Tihui Campos Ortiz es Dra. en Estudios Latinomericanos por la Universidad Autónoma de México.

Con información de Animal Político y Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir

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