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Una mujer por costumbre en Chiapas “cuesta” 10 mil o 14 mil pesos

Chiapas. – Hermelindo ha “comprado” a dos mujeres en sus 51 años de vida, la primera fue para él y la segunda para su hijo, por las que invirtió 8 mil 150 pesos. Con la primera de casó y la otra fue porque su hijo “conoció el amor”.

En los dos casos el precio fue fijado por los padres, lo cual es algo común en Jalisco, municipio de Las Margaritas, al centro-oriente de Chiapas. Ahí, su padre y su abuelo también compraron a mujeres.

“Es la costumbre. Hasta la fecha cobran por sus hijas a la hora que se van a casar. Ahorita piden 10 mil o 14 mil pesos”, aseguró en entrevista con El Universal frente a la casa de su hija mayor, Trinidad, de 20 años, quien aún no se ha casado porque “nadie le ha pedido precio” a su padre.

Pese a que su padre sí compró a su esposa, él asegura que sería incapaz de vender a su hija: “Me siento como si estuviera vendiendo una de mis vacas, o un toro, pienso que no es así. No podemos vender. Si se va, es voluntario”.

Antes de que Hermelindo se casara, habló sólo tres veces con su esposa Estela, cuando ella tenía 19 y él 20. Para ello habló con su suegra y le pidió 150 pesos a cambio de llevarse a su hija “para hacer una vida”.

Por su parte, en San José La Esperanza, también en el municipio de Las Margaritas, está el caso de Agustín, quien tiene dos esposas y tres casas. Primero se juntó con una mujer de la misma comunidad, con quien tuvo seis hijos y después conoció a su hermana y con ella tuvo otros cuatro hijos.

“Únicamente se le pide permiso al papá y a la mamá. De ahí se entrega algo de comida, un refresquito, un poco de pan y algo de aguardiente”, contó Agustín.

Él cuenta que algún tiempo los tres vivieron juntos, lo cual sólo le duró un año, ya que vio “el problema de competir y de pelear. No quedó más remedio que apartarse”.

No tienen derecho a decidir

En Chiapas la tercera parte de la población pertenece a un pueblo originario. De 33 por ciento, más de la mitad son mujeres.

Por ello, Gloria Flores Ruiz, coordinadora del Centro de Derechos de la Mujer de Chiapas (Cdmch), comentó que la misma situación que atraviesan las tojolabales la experimentan muchas otras indígenas del estado, mismas que ven vulnerado su derecho a decidir.

“La constante es que las mujeres no tienen el derecho a decidir en los espacios públicos. Tienen muy poco poder de decisión en la familia y también sobre su propia persona. La constante es no poder decidir sobre su cuerpo”, acusó.

Destaca que en noviembre de 2016 se emitió una Alerta de Violencia de Género Contra las Mujeres (AVGM) para siete de los 122 municipios de Chiapas: Comitán de Domínguez, Chiapa de Corzo, San Cristobal de las Casas, Tapachula, Tonalá, Tuxtla Gutiérrez y Villaflores, en busca de tener mejores condiciones de vida para ese sector.

“Tenemos una legislación que prohíbe los matrimonios infantiles o forzados, pero el estado se enfrenta con otra realidad: la normatividad comunitaria. Es importante aclarar que no podemos hablar de usos y costumbres porque muchas de estas formas que decimos o que el estado avala como ‘usos y costumbres’ tienen que ver con procesos impuestos a los pueblos indígenas, que no son propios de su cultura, pero que se han usado para avalar la violencia contra las mujeres”, señaló Flores Ruiz.

Con información de El Universal

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