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Adriana García: primera mujer obtener un título universitario en la selva lacandona

Kyra Núñez es periodista y escritora mexicana. Estudió Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales fcpys de la Universidad Nacional Autónoma de México unam. En Chiapas, es reconocida por ser pionera en la carrera de periodismo y ser la primera mujer de la entidad en dirigir un medio de información, sucediendo en 1980 a su padre en la dirección general de El Sol de Chiapas.

Por Kyra Nuñez

Nahá, Chiapas. 27 de agosto de 2018.- En este pueblo, corazón de la selva lacandona, Adriana García Cruz logró abrir brecha para lograr su meta educativa: Licenciada en Turismo Alternativo, la primera lacandona en obtener un título universitario y con la plusvalía de encaminarlo hacia el desarrollo de su comunidad, donde su ejemplo sirve a la inclusión de mujeres y al avance de la igualdad de género pues todavía “los temas de la comunidad, solo las deciden los hombres”.

Adriana no fue una más en la fuga de cerebros. De regreso a Nahá luego de titularse en 2011 se hizo pequeña empresaria, exitosa administrando un restaurante, un negocio propio; promueve además cursos y talleres de capacitación y es la persona idónea para conocer la historia y la cultura de los lacandones del Grupo Norte.

Las mujeres de esta pequeña comunidad de 275 habitantes van cambiando pero lo que queda claro es que mantienen sus tradiciones –aunque ya no la de trenzarse el cabello con plumas de tucán ni vestirse al estilo de las abuelitas. Recuerdo mi primera llegada en 2009, veía pura hombrada pero sentía que era observada desde puertas y ventanas cerradas “de seguro yo era una de ellas” dice Adriana riéndose, pues solo los hombres podían tratar con personas de fuera. Hube de empecinarme para poder entrar en contacto con dos, Chanuk García y Kok Paniagua -viudas del famoso patriarca Chan Kin Viejo García- observadas por hombres que, además, eran los traductores de la conversación. Hoy, son más libres, educadas, preparadas y más deseosas de trabajar en su pueblo, respetando la familia y comunidad.

Adriana fue la primera. Pionera en estudiar, salir de la comunidad, enfrentar situaciones de sociedades diferentes y regresar para vivir de otra manera, ya no ayudando en labores domésticas y pasar a casarse, sino trabajando por su cuenta. “De niña quería ser bióloga, de grandecita quería ser investigadora como quienes venían a Nahá a hacer cosas interesantes y ya de grande supe encontrar mi carrera: Turismo Alternativo”.

Pero antes tuvo un camino por recorrer, en el que vivió discriminación de mujer y de raza, porque salió para ir a estudiar primero la secundaria en Lacandón, el pueblo vecino, luego terminó la preparatoria en Palenque y se encaminó a la Universidad Intercultural de Chiapas, en San Cristóbal de las Casas. Supo sobreponerse a los comentarios de estudiantes y maestros, de la gente en general “porque a los lacandones nos ven diferentes, nos llaman de varias maneras, como caribes, dicen que somos ignorantes, mantenidos y otros términos feos, se siente feo, y como mujeres los comentarios de que nada más anda una buscando casamiento”.

El salir de su comunidad le dio miedo, muchas veces pensó que no lograría su deseo educativo, pero “tuve el valor y decidí quedarme estudiando donde fuera porque eso era lo que quería, estudiar”. Sus padres también estuvieron de su lado; sin duda influenció el hecho de que Kin García (hijo del patriarca) se casó con María Cruz, de una comunidad tzeltal donde las mujeres van a la escuela y aprenden español.

Adriana es descendiente del patriarca lacandón, el sabio chamán Chan Kin Viejo García (murió en 1994), “un abuelo bastante conservador” que decía a las lacandonas que estaban para casarse jovencitas, atender a la familia y cuidar del hogar; ella rompió la restricción de mujeres al acceso a la vida académica y de trabajo y con risas recuerda que “de ninguna manera mi abuelo permitió que unas tías, deseosas de estudiar cuando menos el idioma español, fueran a la escuela junto conmigo” y aunque siempre se interesó en su aprendizaje “no dejó de pensar que las mujeres quieren salir a estudiar como pretexto para casarse fuera y no regresar al pueblo”.

¿No cree que los chicos lacandones la miraban reprochando su actitud? No, no lo cree, piensa que fue lo contrario, que se dieron cuenta de que si ella podía ellos también podrían salir y educarse. ¿No le decían que ya no se casaría? Pues si lo dijeron o pensaron, se equivocaron, pues Adriana está casada y tiene hijos.
Primera licenciada en turismo

Y así llegó a la UNICH como la tercera universidad a la que postuló y logró el pase y se graduó de Licenciada en Turismo Alternativo en 2011. Primero debió enfrentar el miedo a estar lejos por largo tiempo de su natal Nahá, luego el de estudiar al mismo nivel que los demás y finalmente, el de quedarse, pues pensó que de seguro aguantaría sólo una semana y pasó la primera y muchas más “nunca me arrepentí”.

Turismo Alternativo es lo contrario del turismo comercial, referente a hoteles grandes, comercios, recorridos y todo a gran escala, me explica. “Lo que busqué en esta carrera era el aprovechar lo que hay en el lugar sin alterarlo, y es lo que hacemos”. En la universidad aprendió mucho pero la base, que su entorno como las grandes ceibas y otros recursos forestales y selváticos es recurso ambicionado por gente de fuera, lo sabía de las enseñanzas y leyendas de su abuelo Chan Kin Viejo.

“El turista viene a influenciar el medio ambiente, acabar con los recursos, contaminar, cambiar la conducta de la gente” es lo que entiende Adriana de la realidad, pero razona en la mejor manera de aprovechar el turismo, asumiendo cambios buenos y malos; “yo veo que gracias al turismo estamos rescatando la cultura, por ejemplo la vestimenta, yo no usé el traje típico como el de mi abuelita, y los hombres cambiaron la túnica por el pantalón de mezclilla pero ahora sabemos que es nuestro gran atractivo y eso nos crea la conciencia de lo que somos, en otras palabras nos dicen que es bonito que guardemos nuestras costumbres y así vemos que hasta los niños andan con túnica y se han dejado de nuevo el pelo largo. Esto es una ventaja. Como quien dice, hemos vuelto a ser lacandones”. La economía local también se beneficia con el turismo alternativo al estimular la propia producción artesanal “la gente ya no sale a otros lugares a vender su artesanía porque lo pueden hacer aquí y se preparan con tiempo para estar listos en las temporadas de turismo”.

Está consciente de las desventajas del turismo en su pueblo pues genera más basura (la recoge el servicio de limpieza que viene una vez al mes desde Ocosingo); los cambios en los jóvenes es obvio aunque aún no es grave, pues gustan copiar la moda, quieren teléfonos celulares como los de visitantes y no es solamente debido al turismo sino por los programas de televisión que tienen casi todas las familias.

Nahá sigue siendo un pueblo lacandón apacible y agradable; aunque no cuenta con sitios arqueológicos pero sí fabulosos bosques, hay cada vez más turistas y quienes viven del servicio turístico han logrado obtener ganancias sin que por ahora haya generado desequilibrios económicos entre la población. “La gente es quien decide; hay mujeres que cultivan yuca, venden pozol y así tienen un poquito más de dinero pero hay otros a quienes no les interesa y pues no hacen gran cosa, es su decisión”.

Persevera la desigualdad

Ni ella ni yo decimos que ahora viven en igualdad. ¿Toman decisiones sobre lo que quieren en Nahá? “No, todavía no, eso no ha cambiado”, solamente con el programa Oportunidades ahora Prospera, enfocado a mujeres, sí lo hacen pues seleccionan talleres sobre educación de los hijos, prevención de enfermedades y eventos culturales infantiles “pero para temas de la comunidad, solo los hombres”.

¿Votan? “Como mexicanas sí, votamos para el gobierno federal y estatal, pero no para elegir a los comisariados locales”. Adriana piensa que eso está mal, porque deberían tomar la opinión de las mujeres; “siempre decimos con mi mamá que ojalá algún día cambie porque nuestra opinión es válida”. Hay cambios sí, por ejemplo ahora las viudas pueden llegar a la reunión del comisariado pero no deciden ni votan ni opinan y si alguna lo hace, algunos se molestan.

Visión de futuro próximo

¿El futuro de Nahá? “Que se siga conservando como me enseñó mi abuelito desde niña, que cuidemos y protejamos la selva, el agua, recuperar los cuentos, bueno esto es trabajo nuestro, yo lo hago para mi hijo; regresar a nuestras túnicas, niños y mayores. ¿A ver, qué más quisiera? que no se llene mucho de turistas pues entonces el año que viene tendremos más cabañas y no queremos ser muchos; deseamos seguir con nuestras tradiciones”.

¿Y para las mujeres? “Una de las cosas que deseo es que opinemos todos juntos y que nos tomen en cuenta en las reuniones; espero algún un día que haya más participación de las mujeres y que entre hombres y mujeres haya más igualdad para decidir”.

Adriana añade: “Me gustaría también que exista un hombre que quiera hacer el ritual de Antonio (considerado el último chamán lacandón). Alguien me preguntó ¿por qué no lo hace una mujer? pero yo opino que mejor sea un hombre, uno que esté muy interesado, que sepa, porque platicar con los dioses no es un juego, es la tradición que han llevado de siempre, y que siga haciéndose el ritual del balché (la bebida sagrada para comunicarse con Hachakyum, el creador del universo) que solamente lo hace don Antonio Martínez y nadie más quiere hacerlo, él ya es muy mayor y está triste porque dice que la tradición perdida no se recupera igual; cierto que nosotras podemos hacerlo, hemos aprendido de mi abuelito Chan Kin Viejo a preparar balché, pero los rezos y cánticos con los dioses requiere virtud y visión pues el chamán debe estar preparado para saber aproximarse a los dioses; la gente tiene miedo, a lo mejor por eso no quiere, pues hay reglas y no es fácil tener y atender tu Casa de Dios, pues si no lo haces bien, Hachakyum te puede castigar”.

Adriana es afortunada. Creció en la familia de Chan Kin Viejo, su abuelo que le enseñó mucho de la cultura y leyendas de su pueblo estrechamente relacionadas con los árboles, jaguares, tucanes, lagos donde en sus rocas subterráneas están inscritas las creencias populares. Educarse era el mejor de los medios para progresar como persona y lo logró. Para la administración sustentable de su entorno prefirió el sector restaurantero al hotelero, gracias a que participó de un taller de gastronomía impartido por un chef del programa para el desarrollo del centro ecoturístico de Nahá (EcoLodge) al cual apenas asistieron ella, su mamá, papá y cuñada “nadie más quiso venir al curso de quince días; fueron muy productivos”.

Nació entonces el proyecto del restaurante dotado incluso con estufas modernas donde trabajan como cooperativa, la Yaxha, apoyado por la CDI; el Restaurante Nahá atiende clientela local y foránea, se siente el buen ambiente a pesar de cortes eléctricos y el reemplazo con la luz de velas da el toque romántico en las noches de lluvias de agosto.

Lo alternativo del turismo gastronómico se logra mediante la incorporación de productos domésticos a los guisos ofrecidos. De cierta manera tienen mucho a la mano: árboles donde obtienen, por ejemplo la pacaya, usada en ensaladas, sopas y huevos, yuca y otros vegetales de los huertos familiares, algunas frutas de temporada como guanábana, tortillas de maíz criollo hechas a mano, pollo, gallina y pescado viene del pueblo y sus lagos, la carne la compran en Ocosingo o Palenque, todos los platillos son alternativos al común del menú comercial y muy orgánicos como el tamal lacandón en hoja de plátano.

“Trabajo en lo que me gusta y me da autonomía económica; el estudio me ayudó para no quedarme con la mente cerrada, aprecio y valoro mucho la cultura y donde vivo; muchos jóvenes se van y no regresan, ya no hablan nuestra lengua sino español como que así evitan que los vean lacandones en la ciudad. En mi caso lo que aprendí en la universidad aquí lo hago. Se me fue el miedo, ahora ya no me digo ¿será que puedo, será que lo hago? sino que lo hago y si sale mal cuando menos sé que me atreví”.

 

Fuente: SemMexico

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